miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Un buen sitio para soñar?.


Hay lugares que provocan, y el caso de este gran edificio, no es la excepción. Escribo sobre el, porque me parece una ironía, que a pesar de todo, sea un buen espacio para soñar, a pesar de que es un gris y aburrido lugar. 

El edificio en el exterior no impresiona  a primera vista  es  un cajón con ladrillos zapotes y que sigue la estructura que tienen los edificios que conforman de ese gran complejo. La entrada es rectangular y transparente, y en el  pasillo se encuentran varias mesas para que algunas personas puedan sentarse, conectar aparatos y sentarse a pensar.

Cuando se entra al lugar se ve un espacio semivacío iluminado con una luz blanca, que mas que iluminar, genera un baño de sombras negras y marcadas. Si se sigue adelante se vislumbran las escaleras y antes de subir hay un aparato que se encarga de detectar elementos que pretenden ser sacados de forma legal.

Los muebles son pocos, desde lejos parecen abollonados y cómodos pero una vez sentado la historia es otra. El espacio es grande y sin división alguna; los elementos que definen la esencia del lugar, están ubicados en la parte izquierda, colocados en estantes grises en filas que atraviesan el espacio de una pared a la otra.  

En el fondo se encuentran dos señoras que pocas veces están animadas, pero siempre parecen más felices que los propios visitantes, esos potenciales soñadores, que normalmente terminan por roncar.

La luz en el segundo piso al igual que el primero también es blanca. Siempre he tenido la impresión de que la luz blanca bien manejada revela un espacio: lo destaca, pero en este lugar, la saturación de luces lo único que hacen es endurecer el ambiente. Las ventanas están ubicadas en los dos extremos son pequeñas y altas, no permiten distraer la mirada de los duros grises que literalmente encarcelan la imaginación.

Por lo general la sala nunca está llena, normalmente los sillones están copados por alguien que descaradamente decidió pasar a un nuevo nivel de ensoñación, cuando esto pasa, las mesas tipo “call center” que emulan pequeños cubículos son los más apetecidos, ya que permiten  a quien las utiliza escapar de la mirada y poder soñar, aunque de una forma menos comida, o si se quiere, menos profunda.

Con estas particularidades, queda claro que la biblioteca no es un espacio confortable y agradable, es un ambiente gris y solitario, a las que muchos acuden para roncar.




K. Esteban García G

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