martes, 28 de febrero de 2012

HISTORIA DE UN CAFÉ


Cuatro mujeres y un hombre anciano o para camuflar la edad “adultos mayores”, estaban dialogando en un lugar agradable, pero extraño a la vez, resulta que la gente que lo visita es de todas las edades, todos van con risas ingeniosas, unos llevan su portátil para seguir conectados o trabajando, otros llegan sólo con miradas perdidas, unos bajo la oscuridad, otras prefieren la luz, unos leen, mientras que otros sólo conversan.

Este lugar queda en el sur de Medellín, tiene buen parqueadero pero siempre hay más carros  que espacio por lo que los visitantes parquean en una larga fila que se hace al exterior, el lugar se construyo como homenaje a Fernando González,  no es muy grande pero tiene la capacidad de albergar a mucha gente en su interior, hay una parte de este café que es interna y con buena luz, mientras que otra es externa y la luz es más bien tenue, en este espacio sólo se permite una buena conversación. Adentro hay una pequeña biblioteca muy pintoresca.

 Bueno, pero volvamos a las cuatro mujeres, todas ellas departían en este lugar, eran amigas desde la Universidad, el hombre sentado junto a ellas era el esposo de una, pero en su juventud fue el novio de todas, el hombre tiene cara de Guillermo, era todo un “pica flor”, por eso las distinguidas señoras de copete en un momento fueron rivales de conquista. Creo que en este instante están hablando sobre esa nueva etapa de sus respectivos esposos y es que estos viven tomando viagra parar poder cumplir con sus respectivos deberes, pero resulta que eso a ellas ya no las satisface, por eso piensan como sería con uno de 20.

Las señoras mayores pero con mucho porte, tienen cara de tener esposos con pensiones elevadas, y que las mantienen con mucha comodidad.  

Me desconcentro porque hay un señor en otra mesa que tiene cara de llamarse Juan, esta con su empleada porque esta le amenazó con contarle todo a su esposa, sino la llevaba de paseo, así que Juan decidió llevarla a este lugar en el sur lejos de su casa para no correr ningún peligro.

Por otro lado miro a una señorita muy bonita que se retira un poco del café y es que esta buscando a una persona, de pronto alguien la sorprende por detrás con un “hola”, ella se sobresalta y le dice con una sonrisa, “no sabia como me ibas a reconocer”, y es que el chico es un gigoló y la señorita no lo conocía.

Cuando las señoras ancianas ven esto, deciden ir  a la mesa de la señorita que nunca supe como llamarla y decirle que ellas necesitaban de los servicios de su acompañante, preguntan el precio, el día disponible, lo que les puede ofrecer, el tiempo, en ese momento el anciano llama a su esposa y la invita a un motel para hacer algo distinto esta noche, así que esta se aleja del lugar, con duda, envidia y cobardía de sus amigas. 

María Camila Duque Hernández

1 comentario:

  1. el lugar se construyo...tilde en 0
    los pasados lleva tilde en la o
    me suena la historia pero se debe generar más tensión y carga dramática, y no despacharla tan fácil. imprímela y hablamos en clase

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