lunes, 27 de febrero de 2012

hoja debida Sebastián Cortés


Hoja debida

21 años atrás la vida de un tal Sebastián Cortés no tenía sentido, simplemente porque no existía aún, sólo era un gran anhelo de 2 personas, un hombre y una  mujer que posteriormente se harían llamar sus padres, todo porque se tomaron el trabajito de crearlo y de traerlo al mundo, para bien o para mal, así sucedió en la madrugada del 7 octubre del año 91 en la cual  hizo aparición por primera vez ese bebé que en la actualidad ya es un joven de 20 años de edad y que según los que lo conocen tiene un gran futuro por delante, pero a el sólo le preocupa vivir y disfrutar un presente de la mejor manera posible, ya que de un excelente presente, un prometedor futuro es lo único que se puede esperar, piensa él de manera subjetiva.

Bajo la  ley divina y las leyes humanas lo habrían de bautizar y registrar con el nombre de   Sebastián Cortés Berrío, sólo para que pudiese ser identificado dentro de los otros miles de millones de seres humanos que ya existían al momento de su nacimiento y existirían posteriores a este suceso.

A medida de que iba pasando el tiempo a ese pequeño bebé el cual tenía todas las comodidades que podía llegar a necesitar, la vida le iba a comenzar a exigirle un poco más, en sus primeros años siempre estuvo al lado de su madre, sólo su madre, ya que el sujeto al que se le nombró como padre nunca lo llego a conocer, porque él sólo se preocupó por hacer la primera parte del trabajo, la más fácil y satisfactoria para él.

Un primer gran cambio en la vida de ese pequeño llegó unos cuantos años después de que vio la luz por primera vez, no se sabe de qué color fue ese destello de luz, si blanca, amarilla o simplemente le dio pereza abrir los ojos y no ver nada. Ese bebé que se había convertido en un niño para ese entonces, un día cualquiera su madre lo deja al cuidado de una tierna señora con la piel un poco arrugada como hasta entonces en repetidas ocasiones había sucedido, hasta ahí todo normal, pero se  traspasó esta brecha, cuando el niño supuso que al momento de salir de su casa acompañado de dicha señora esto iba a ser  algo divertido para él, ya que el salir de lo que denominaban casa era de total agrado del pequeño, lo que este no se imaginaba era que iba a ser engañado por primera vez en su corta historia.

Dicha salida se convirtió en un sitio rodeado  de decenas de niños de su mismo estirpe y en el cual se iba a quedar solo sin nadie que le fuese familiar, porque esa señora que lo cuidó tan bien hasta entonces lo había dejado en ese sitio marchándose sin él, pero lo que era peor aún, la persona a la cual identificaba como su madre y le brindaba todo lo que necesitaba, tampoco aparecía por ningún lado. El panorama no podía ser peor: solo, con rabia, acompañado de niños y gente que nunca había visto, a su lado una señora tratando de ser tierna e intentando calmar los ánimos de ese enfurecido pequeño que entre llanto y golpes a una puerta se resignaba de a poco a lo que había sucedido, lo cual sólo era un tormento para él. Después un largo tiempo de la nada apareció la persona a la cual reconocía como su mamá, momento  que era para él como si ella lo estuviera sacando del peor castigo que en su corta edad habría podido recibir, ella lo abraza le limpia unas cuantas lágrimas que salían de sus ojos y le dice que ya todo estaá bien, que ya ella va a permanecer a su lado.

De nuevo en su casa con su mamá y la señora que lo había dejado en ese lugar, juntas le explican que desde ese momento él iba a tener que volver día tras día a esa sitio, permanecer el mismo tiempo allí y que todo era por el bien de él, para que aprendiera cosas nuevas, hiciera amigos y jugara con ellos, todo esto con el fin de que pudiera triunfar en un futuro, explicación por la cual tuvo que pasar mucho tiempo para que Sebastián entendiera que ellas tenían razón cuando afirmaban esto.

Ese sitio era un lugar de reclutamiento que lo separaba del mundo exterior y lo obligaba a hacer cosas que no eran de su mayor interés según el punto de vista particular del pequeño, ese espacio lo llamaban “jardín”, posteriormente escuela y finalmente colegio. Es así como comenzaron más de 12 o 13 años de ese mismo ritual lo único que cambiaba eran los nombres de los lugares, el nivel de exigencia del aprendizaje y de una u otra forma el interés de Sebastián por aprender nuevas cosas allí; este último factor en vez de incrementarse descendió drásticamente, ya que lo único que hizo excelente durante el transcurso de ese tiempo, fue la idea de hacer nuevos amigos al mismo tiempo que causarle miles de dolores de cabeza a decenas de personas que se hacían llamar sus profesores, todo esto terminó cuando recibió un cartón en el cual se plasmaba su nombre completo recalcando que este había logrado el título de bachiller.

Para ese tiempo ese niño ya se había convertido en un adolescente, un joven al que le tocaba decidir qué camino quería coger en su vida, seguir sus estudios a un mayor nivel en una universidad o tratar de buscar algo productivo que hacer con ese tiempo libre que iba a tener a partir de ese momento. Por una lado estaba el sueño de su madre de que fuera un economista y siguiera sus pasos en el mercado bursátil, por otro lado las ganas locas de ese joven indeciso de irse a viajar por el mundo, al estilo mochilero y darse un descanso de esa etapa de aprendizaje en su vida, la cual en ese momento lo tenía cansado por tanta rutina, la gran pregunta era qué decisión iba a tomar, pero para elegir la mejor opción había escogido estudiar inglés en una academia mientras se daba el tiempo suficiente para saber qué destino le podría dar a su vida.

Después de seis meses de una vida relajada entre la academia de inglés,  el gimnasio, el ocio y el tiempo libre, era un hecho de que tenía que entrar a la universidad y estudiar una carrera profesional, pero para sorpresa de su familia y más que todo de su madre, la carrera que elegiría no sería economía si no algo muy opuesto a esto, preferiría Comunicación Audiovisual ya que desde pequeño siempre quiso crear nuevas historias, nuevos mundos, sacarle sonrisas y tristezas a su audiencia para de esta manera generar gran recordación en la mente de esas personas que verían sus producciones, así como cuando el siendo sólo un pequeño no despegaba sus ojos del televisor al ver el Chavo del ocho, Dragón ball z o Súper Campeones, producciones audiovisuales que lograron hacerlo reír, llorar y emocionar, dando rienda suelta a ese niño feliz que había dentro de él.

En la actualidad Sebastián Cortés se encuentra en sexto semestre de su carrera elegida pero como siempre le han gustado los retos, está llevando a cabo una doble titulación con la carrera de Comunicación Gráfica Publicitaria que ofrece su facultad en la Universidad de Medellín. Cada vez más cerca de cumplir su gran sueño ser un comunicador audiovisual e ir a continuar sus estudios en el exterior al mismo tiempo que “mochilea” y crea material audiovisual por el mundo.

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