Noche
entre barriles
El
reloj marca las 9:44 de la noche, camino por la calle y me dirijo a un lugar
pero termino en otro, desconocido, de esos que generalmente no suelo frecuentar.
Me dispongo a ingresar a un bar, subo unos cuatro escalones de madera y camino
hacia una puerta bastante amplia, con textura de madera y un aviso grande en su
parte superior que dice… no alcanzo a leer que dice porque de inmediato me
saluda un conocido amigo del que no me acordaba y acto seguido procedo a entrar
al sitio con él. Al acceder vamos esquivando las mesas en forma de barriles que
tiene el lugar (sí, en forma de barriles), mientras hago el recorrido en busca
de un lugar para sentarnos observo las paredes con textura de piedra estilo
antiguo y los cuadros de épocas remotas, algunos con figuras primitivas y
arqueológicas que acompañan la decoración del recinto. Finalmente nos dirigimos
hacia la barra que está justo en el fondo del lugar, en una esquina, en forma
de “L”. Nos sentamos y procedemos a pedir algunas cervezas para acompañar la
conversación acerca de las experiencias vividas en el bachillerato. Luego de un
largo parlamento hablando de qué sabes de fulanita de tal, o de peranita y
sutanita y otras no sé cuantas compañeras más, presto atención a lo que sucede
en el lugar y veo parejas que disfrutan de las baladas que deleitan el
ambiente.
De
un momento a otro siento que alguien se ubica en una silla a mi lado, “Juan”,
me dice, volteo y me encuentro con la grata sorpresa de contemplar la bella
sonrisa de una querida compañera de estudio con la que no había cruzado muchas
palabras, pero que había sido muy querida conmigo en ciertos momentos
apresurados de mi vida, compartiéndome material de estudio urgente. Ahora era
el momento preciso para entrar en confianza.
La conversación progresaba y el reloj se adelantaba rápidamente, marcaban las
11:26 de la noche, mi amigo se había marchado a una mesa a compartir con un grupo de
personas conocidas que estaban en el lugar, por lo tanto, yo me encontraba sólo
con la chica de la sonrisa bella, hablando de todo un poco. Casi en un abrir y
cerrar de ojos la barra se llena de pequeños barriles de cerveza, algunos barriles
volteados, otros aún siguen en pie, y nosotros nos reímos de todo cuanto
comentario pronunciamos. El ambiente empieza a cambiar cuando algunas parejas "melosas" empiezan a entrar al bar, creando un ambiente aún más romántico en el lugar;
las luces del recinto cambian de azul tenue a un rojo sutil, el bar está lleno,
todos los barriles están ocupados y la barra, ni hablar. La chica de la sonrisa
encantadora y yo nos olvidamos de todo nuestro alrededor e inventamos un mundo
nuevo, nuestras miradas se cruzan, nos observamos fijamente y consumamos el
momento con un beso. Continuamos dialogando un rato y poco tiempo después nos levantamos
de nuestros asientos, caminamos hacia la salida esquivando las mesas en forma
de barriles, intentando descifrar el camino con la poca luz sutil roja que difícilmente
nos permite ver el suelo. Afortunadamente logramos observar la gran puerta con
textura de madera y salimos a la civilización, al mundo común e inmediatamente
mi ser vuelve en sí y salgo del hipnotismo. Una vez puestos mis pies sobre la
tierra dimensiono la importancia del asunto, le pido el número telefónico a la
chica de la sonrisa encantadora para librarme de ella, nos damos tal vez el
último beso mutuo y cada uno coge por su lado buscando una nueva aventura, justo
cuando el reloj indica la 1 de la mañana.
Juan
David Velásquez
imprímelo y trabajamos en clase
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