Eran
las diez de la noche de tan esperado viernes, me dirigí hacia el bar citado donde
se encontraba él con una chaqueta de cuero y con un cigarrillo en la mano. Sonrió
al verme, tomo de mi mano y me llevo hacia la barra.
Estaba un poco nerviosa,
pero no lo suficiente para poder detallar el lugar donde estábamos, el volumen
de la música urbana aumentaba cada vez más, los colores vivos, la gente joven,
eran algo muy particular de este sitio.
Decidimos
pedir shots para empezar la noche, por
lo visto, era todo un espectáculo su preparación, incluso nos prestaban
diferentes pelucas de colores llamativos y lograr ser fotografiados.
La
noche permanecía tranquila. Pero más adelante, después de una larga
conversación entre los dos, donde los recuerdos
y el pasado no nos permitía prosperar en un futuro y ya no había cabida
para segundas oportunidades.
El ambiente se puso tenso. Las lágrimas
empezaron a deslizarse por mi mejilla,
era algo notorio y un poco vergonzoso, quería salir corriendo, pero demasiada
gente me impedía hacerlo. No me sentía cómoda, la noche se había malgastado con
dicha compañía.
Agarre
mi cartera y una copa de tequila para sanar las heridas internas, sin ni siquiera
despedirme, me marche, caminando con paso firme hacia la salida, y decidida a
nunca más mirar hacia atrás.
MARÍA ALEJANDRA FIGUEROA
GRUPO 301
Lastima de los detalles de lugar, la historia es interesante, pilas con el uso de la tilde en los pasados
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