Se suponía que estaba
enamorado. Hizo una llamada telefónica tipo 6 de la tarde para concretar la
hora de la cita. El día estaba lluvioso, frio, pero con muchas ansias de que
llegara la noche, ya que estaría con él.
Me bañe, me arregle y me puse mucho perfume para que mi olor quedara en su memoria. Sonó el
citofono, había llegado y mis mejillas empezaron a sonrojarse, aun sin verlo.
Mientras estaba en el ascensor, me mire en el espejo por si encontraba algo
vergonzoso.
Camine hacia el carro, él
estaba ahí, con una sonrisa picara y mirándome las piernas me dijo: ¡como estas
de mamacita!, ahí me pude dar cuenta que solo quería tener sexo, que me deseaba
tanto como yo lo deseaba a él. Me monte en el carro, le di un pico en la boca,
prendí el aire acondicionado, y le puse volumen a la electrónica.
Con la mano izquierda
manejaba y con la derecha metía los cambios y me tocaba las piernas, mientras
yo me untaba brillo en los labios. Parqueó de manera muy ágil en el garaje de
la cabaña, nos bajamos del carro y me tomo de la mano.
Prendió la chimenea, para
que la cita pareciera algo romántico. Después de unas cuantas botellas, el
ambiente se puso caliente, el alcohol se combino con los besos y las caricias.
Lanzamos las ropas al suelo, en realidad estorbaban. El encuentro se puso más
intenso, ya que era el primero.
Llegamos al sexo, no había
amor ni compromiso, ni un futuro que permitiera que este viaje se volviera a
repetir.
MARÍA ALEJANDRA FIGUEROA
GRUPO 301
Tildes del pasado
ResponderEliminarBuena historia pero se debe trabajar más en la redacción y en los detalles